sábado, 2 de octubre de 2010


La danza, los tambores, el sonido de mi cuerpo, mi respiración, la música, las mujeres a mi alrededor.
Hoy en la clase de danza africana vimos un ritmo que se llama dun dun ba. Es una danza guerrera. Es la danza de los guerreros. De mucha fuerza. Danza de tierra. De sangre aguerrida. Es muy cansada también. En Africa la bailan sólo hombres. Aquí cada vez la bailamos mas mujeres. Deja el corazón enaltecido, fortalecido.
La clase dura cuatro horas. Un calentamiento fuerte. Se trabaja mucho la fuerza al principio de la clase. Fuerza en piernas. Fuerza en brazos. Fuerza en abdomen. Es el calentamiento y yo estoy bañada en sudor. Con mi respiración agitada y sedienta.
Comienza la parte técnica donde enseña paso por paso el ritmo. Asami Itzel es el nombre de la maestra. Es una mujer hermosa. Morena, de cabello largo y mirada profunda. Explica cada movimiento con el sentimiento que conlleva, con la emotividad que se baila originalmente. Cuida detalles como de la mirada, la cabeza o los pies.
Al desmenuzar cada paso nos llevamos calculo, de una hora y media a dos horas. Esta parte es tan importante como cada una de las partes que comprenden la clase. Me parece óptimo que dure 4 horas. Aun que al final acabe muerta o algo parecido. Los ritmos africanos me parecen complicados por que cada uno tiene su estilo. Cada ritmo tiene sus pasos y sus movimientos. Cuando se baila africano se une un paso con otro, con otro, con otro y con otro. Puedes repetir pasos. Para montar un rito africano, sólo eliges que pasos vas a montar, les das orden y desplazamiento escénico según el gusto de cada coreógrafo. Los pasos elegidos y el orden de éstos son lo que pueden diferenciar el mismo ritmo bailado por un ensamble o por otro.
En la clase, después del calentamiento viene la parte técnica. Repetimos y repetimos y repetimos un mismo paso hasta que queda claro. Se instala en nuestra mente y el cuerpo entonces, lo hace bien.
Una vez terminada la coreografía que por cierto se ve por varias clases. Entran los músicos en vivo. Nos acompañan tocando mientras nosotros bailamos todo. Uff!!! ahí si me sofoco. Me ahogo. Me da dolor de caballo. Me falta el aíre. Me debilito. Se me agota la reserva de energía y siento que no llego al final. Siempre llego. Descompuesta. Bailando como puedo. Perdiendo el estilo completamente, pero termino.
Repetimos la coreografía completa por lo menos tres veces. Claro, si la bailamos bien. Si hay errores en la secuencia de los pasos, si los pasos no los estamos haciendo correctamente o si deserta la mayoría del grupo a la mitad: Repetimos.
Cuando siento que ya no puedo mas, pasamos a las diagonales. En las diagonales se repite cada uno de los pasos que comprende la coreografía. Una diagonal de cada paso si lo hacemos bien. Se pueden hacer hasta tres o cuatro diagonales de un mismo paso cuando no queda el movimiento correctamente. La repetición o la practica ayuda al perfeccionamiento. La práctica hace al maestro diría mi padre.
Ya que todos los pasos los limpiamos en las diagonales, regresamos al centro para bailar la coreografía completa, otras dos o tres veces. Ahora con intenciones. Ya con sentimientos. Es decir, como los pasos en teoría ya deben estar mas claros, limpios e instalados en nuestra mente y nuestra memoria, al bailar la mente ya no está ocupada en realizar el paso correctamente o pensando en que paso sigue después del otro. De lo anterior, tengo la hipótesis: Cuando práctico mucho, me aprendo los pasos. Mientras mas repita cada uno de los movimientos frente al espejo, mi cuerpo realiza cada movimiento como yo quiero. Lo voy estilizando y perfeccionando. La repetición de dicha práctica, hace que el orden de los pasos se memorice (dirían en el medio afro, yo diría una vez instalada la secuencia de movimientos que comprenden la coreografía ). “PUEDO BAILAR COMO LOCA” . Sí ya me salen los pasos. Sí ya me aprendí la coreografía. Puedo entonces bailar liberando mi mente. Mi cuerpo se mueve a partir de lo que estoy sintiendo o al revés.
Eso fue lo que me paso hoy. Los movimientos de este ritmo movieron mi corazón. Es un ritmo guerrero, de mucha fuerza. Con mucha tierra. Por ser piscis siempre he creído que me falta tierra. Que necesito a mi opuesto complementario para que me aterrice. Junto a Capricornio también funciono. Tauro no por que son lentos y me desesperan. Aun que no me negaría a experimentar.
Bueno lo que quiero compartir es que sin pensarlo, la coreografía, los movimientos, por su origen, los tambores y por toda la fuerza que requiere, me fue llevando hacía la tierra. Encontré a la guerrera en mi interior. Encontré la tierra de mi ser. En mis huesos. Descubrí que la fuerza la encuentro en mi corazón. Mi ego se desmorono, sólo era una mujer. Un cuerpo con alma. Un cuerpo fuerte en medio de la nada. Un ser con el corazón entregado. Sentía tierra, sentía agua, sentía el aire, sentía el fuego. Me encontré a mi misma. Me encontré callada. Bien plantada. Segura. Los miedos se desvanecieron. Mis pesadillas se borraron. Esa mujer que busca el amor se desmoronaba. Me sentí llena de amor. Amor a mi alrededor. Sentí tranquilidad. Serenada brotaron lagrimas de mis ojos. Era la felicidad de estar viva y estar fuerte. Era todo el agradecimiento de existir. La gracia de estar ahí. Sólo yo. No veía ni sentía a nadie. Me desnude y me vi sin adjetivos. Sólo era yo. Y sentí tanto bien. Puro amor. Mucha fuerza. Corazón.

Recibirte (3ra parte)


Recibirte fue mágico. Un momento lleno de emoción. Ver tus ojos de nuevo, sentir tu boca inmediatamente. Tus brazos envolviéndome por completo. Tenerte frente a mi y mirarte, sentirte, besarte, abrazarte y no soltarte. Fue un sueño. Nunca hubiera podido imaginarme lo que sentí y viví esa noche en el aeropuerto. Yo estaba ahí, esperándote. Todo el día me había preparado para ese momento. Mentira. Llevaba meses preparándome para ese momento.
Llegue al aeropuerto con mucho tiempo, me senté en la sala de espera y saque mi libro. Los minutos pasaban. Tu vuelo anunciado venía a tiempo. Mientras esperaba me dio hambre. Decidi sacar una manzana y seguir leyendo. La manzana ya estaba dentro de mi estomago. Tu avión ya había aterrizado y yo seguía leyendo esperando tu salida. Diez minutos pasaron sin que tú aparecieras. Sentí que era ya demasiado tiempo. Me acerque entonces a un guardia de seguridad y pregunte por los pasajeros del vuelo Continental Airlines 1737 de New Ark/New York, 21:50 hrs. -No!!!- estaba en la terminal 1 y tú en la 2. Corrí a tomar el transporte del aeropuerto que conecta a las dos terminales. En tu último mail escribiste que me esperarías 30 minutos y si no llegaba te irías solo a buscar mi dirección. Yo estaba cronometrando todo, tenía 8 minutos para llegar antes de que te fueras. Estaba lloviendo. El bus iba lento. Pensaba que una vez llegando a la terminal 2, la misión era encontrarte en menos de 2 minutos. El reloj seguía avanzando. El bus llegó y yo en la puerta lista para bajar y salir corriendo. Mientras corría bajo la lluvia pisando todos los charcos (por que traía botas para lluvia) me sentía tremendamente feliz. Ya estabas aquí. Te vi. Quería dejar mis cosas y saltarte encima (eso hice). Nos besamos. Nos abrazamos. Me tomabas con tanta fuerza. Yo no dejaba de reir y besarte. Todo al mismo tiempo. Tus primeras palabras -ahora entiendo porqué trabaje todo el verano- Entonces yo te bese. Mire tus ojos y sonreí. Te pregunte - ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Tu reías y respondías agitado -bien!!! muy bien!!!- Me cargaste, giramos y giramos mientras sonreíamos y nos besábamos. No había muchas palabras. Sólo emociones, todas. Mucha intensidad. Dos corazones acelerados. Un par de rostros enamorados. Felices.
Camino a casa era difícil parar de besarte, dejar de abrazarte. Sentía una imperiosa necesidad de tocarte, contactarte. Sentirte y saber que era cierto. No era mi imaginación como lo fue muchos meses. No estaba dormida y soñando como pasaron muchas noches. Eras tú en México y yo recibiéndote. Lo único que quería era llevarte a la casa. Que descansaras de ese viaje tan largo. Acostarme junto a ti. Abrazarte con todo mi cuerpo, subirte mis piernas, rodearte con mis brazos, toda sobre ti. Sentirte todo sobre mi. Esa noche fue mágica y sorprendente o más.

martes, 28 de septiembre de 2010

Una mujer según MIET


Las mujeres son de corazón grande.
Honestas y trabajadoras.
Contiene y mantienen.
Conectan y consolidan.
Son fuertes y aguerridas.
Valientes y expresivas.
Las mujeres saben decir la verdad y guardar secretos.
Unen y unifican.
Una mujer ve a los ojos y dice...
Una mujer calla su mente y contacta con su alma.
Una mujer trabaja su cuerpo y con el abraza.
Las mujeres nutren y equilibran.
La mujer abarca y comprende.
Entiende en silencio.
Cultiva su mente.

martes, 21 de septiembre de 2010

Recibirte (2da parte)

Al principio pensaba en qué me gustaría mostrarte de México? Qué me gustaría que hiciéramos juntos? Imaginaba algo nuevo para experimentar los dos. Tenía infinidad de imágenes juntos. Tú y yo. Con amigos y la familia. Sólo los dos.

Después me dije -relájate- decidí preparar mi mente, mi cuerpo y mi espíritu para recibirte. Tomar suficiente agua, hacer suficiente ejercicio y entrenarme mejor que nunca para que cuando tú estuvieras aquí no sintiera remordimientos de consciencia por dejar algunos días de entrenamiento por irme contigo a la playa que era algo que quería, planeaba y deseaba.

Comer estrictamente bien para que a tu lado pudiera compartir esos antojitos mexicanos tan ricos pero tan culposos para mi por la cantidad de grasa saturada que contienen. Para mi era imprescindible mostrarte los tacos, el mole, las famosas güajolotas (torta de tamal) o que comiéramos un par de garnachas en la esquina.

Sanaba mi corazón y aclaraba mis sentimientos y mis relaciones amorosas-sentimentales. Yo te quería recibir, libre, entera y totalmente abierta (de corazón). Para ti.

Según yo acomodaba mis horarios de trabajo y mis proyectos. Trabajaba arduamente para liberar compromisos en las fechas en las que estarías aquí y poderme conceder un tiempo contigo.

En terapia con mi psicóloga hablaba de mi miedo a entregarme a un hombre que vivía en otro país y en otro continente. Abrirle mi corazón, mi casa, mi cuerpo a una relación sin un futuro claro??? Yo estaba acostumbrada a las relaciones largas y estables. Mi primer amor duro 7 años, viví con él 3 años y había grandes proyectos juntos. Mi segundo y mas grande amor duró casi dos años. Nos fuimos a vivir juntos prácticamente empezada nuestra relación. Pasábamos mas de la mitad del día uno a lado del otro, trabajando, cocinando, pensando, hablando, soñando, caminando. Ahora somos socios y los mejores amigos.

De pronto, de buenas a primeras, como gracia divina, me sentía enamorada y mi vida cambiaba, la movía y se transformaba a partir de tu visita a México. Me sentía feliz, animada, contenta.

Quería saber que tan madura y capaz era como para entregarme, entregarme toda. Entregar mi corazón sin mesura. Amarte sin esperar nada a cambio. Sin generar expectativas. Sólo darme totalmente. Aquí y ahora. Darte todo sin miedo y sin programaciones.

Creo que mi trabajo, la rutina, los tiempos, proyectos, compromisos y hábitos mermaron mi ideal. Esa utopía de la entrega total. Ese sueño de entregarme toda. No sé si lo haya logrado. No sé si todo eso hermoso que sentí sea la tan soñada entrega total. No me importa. Lo que sentí fue hermoso. Fue divino y...

...hoy lloro de felicidad.

Lloro por que fue un sueño hecho realidad. Lloro por que te vivi, te disfrute, te aprendí, te goce. Te di y te entregue lo que soy. Te abrí mi alma y te compartí. Te compartí mi vida, mis sueños. Darte lo mas íntimo de mi ser. Y ser feliz. En tus brazos. A tu lado. Lloro por que siento tanto amor y te extraño tanto. Lloro de felicidad. Lloro de amor. Amor de ti.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Recibirte (1ra parte)

Desde que supe que vendrías, en mi corazón había un motivo, lejano, tenue, casi imperceptible. Más latente, presente y constante.

Tu regreso a México era una motivación evidente para mi corazón. Mi mente no entendía. Cómo podía emocionarme tanto tu llegada. Mi mente no se explicaba por qué en mi rostro nacía una norme sonrisa cada vez que recibía un mail tuyo. No era razonable para mí que ciertas canciones e imágenes me hicieran pensarte, recordarte, desearte. No había una explicación lógica para estos sentimientos por ti. Para ti. Hacía ti. De ti.

Simón:

Eras un hombre que apenas y conocía en marzo, pero que basto con un par de días a tu lado para que cambiaras mi vida. Para que alegraras mi corazón. Compartimos nuestros cuerpos. Bailamos y nos entregamos. Sólo unos instantes contigo provocaron en mi, en mi corazón, en mi mente y en mi cuerpo: sanación.

Cuando me dijiste que llegabas el 28 de agosto, la aventura que comenzó una semana de marzo, continuaba. Esa aventura en la que nos inmiscuimos sin imaginar que trascendería, ahora significaba más para mi. Un sueño.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Una noche de fandango


Te quiero contar lo que me paso una noche.

Después de largo tiempo de no vernos iba a visitar a una amiga. Una vieja amiga. Ella se llama Arlem y nos conocemos desde la secundaría. Estudiamos la preparatoria juntas y compartimos secretos, sueños, libros, películas y de más.

Arlem me había invitado a una noche de son jarocho, con tablao y zapateado. Jaranas, toritos y canciones en luna llena.

Invite a mis padres. Ellos quieren mucho a Arlem y sabía que les daría gusto verla. Yo platicaba con ellos, acompañaba a mi amiga y la ayudaba a preparar capuchinos mientras compartíamos como siempre nuestras historias y nuestras aventuras. Dijo que me quería presentar a un amigo. A la barra llego un hombre que de primera vista me pareció encantador. Cuando me lo presento, me enteré que era Suizo y hablaba muy poco español, yo hablo muy poco ingles, por no decir nada. Arlem nos presento en ingles y yo me esforzaba por entender.

Durante la noche, el Suizo y yo compartimos un par de cigarros, comenzamos a platicar y lo mejor y mas divertido fue cuando bailamos.

Me sorprendió tanto bailar con él. Fue muy divertido. Pero sobre todo, fue mágico.

Aquella noche él me contaba de su novia y yo de mi ex novio. Él encendía un cigarro y yo miraba sus labios. Yo bebía un torito y él abría los ojos mirando a todos lados.

Pasamos la velada platicando y bailando.

Mis padres ya se iban a casa. Qué iba a hacer yo ahora? Mire a ese Suizo raro que toda la noche me había robado el aliento y en un español todavía mas raro que él, me pregunto que si quería que pasáramos la noche juntos. Nada más. Sólo eso. Pasar la noche juntos. Platicar. Conocernos mas. Estar.

Doblemente sorprendida acepte.

Mis padres se fueron a casa. Él y yo disfrutamos todavía un rato mas de tan agradable tradición veracruzana. Nos despedimos y nos fuimos caminando a media noche por el centro de la Ciudad de México.

A dónde? No sabíamos.
Buscábamos un lugar para estar solos. Sólo los dos. Y lo encontramos.

Experiencia religiosa. Hincados uno frente al otro sobre la cama. Él me fue desvistiendo y despacio nos miramos. Yo comencé a desvestirlo también. Recorría su piel, blanca y suave. Sentía su calor. Nos conocimos. Sus besos en mi. Sus manos por mi. Sus ojos sobre mi. Sus piernas entre las mías. Su cabello entre mis dedos. Su lengua y la mía. Sus pies y los míos. Tres orgasmos vibrando por mi cuerpo. Dos para mi. Dos para él. Uno para los dos. Purificación. Muerte. Resurrección. Su cuerpo moviendo mí cuerpo. Sudando. Respirando. Eyaculando. Toda la noche. Despertando. Amándonos. Arrullándonos. Descansando. Durmiendo. Hasta el amanecer de otro día.

sábado, 28 de agosto de 2010

una niña según MIET

Escucha con atención a un adulto.
Las niñas preguntan todo.
Responden con espontaneidad.
Corren, saltan, suben a los árboles, ruedan, giran...
Leen por las noches o cuando están aburridas.
Ven películas si están solas.
Juegan en equipo, se organizan y ponen reglas, concensan y acuerdan.
Convierten cualquier cosa en un juguete.
Viven cualquier situación como un juego.
Se creen todo y creen en todos.
Confían con intuición inteligente.
Expresan sus emociones inmediatas.
Se relacionan, juegan, quieren aprender y se acompañan con otros niños.