lunes, 20 de enero de 2014

¿CÓMO ES QUE EMPECÉ A SER BAILARINA? (TERCERA PARTE)


La danza es una carrera que requiere disciplina, sacrificios y entrega. Eso siempre me ha satisfecho. Desde que conocí la danza sabía que eso quería estudiar. Sin embargo, había otro sentido de vocación que también me llamaba; La docencia. Responsabilidad de mi padre también. Siempre lo vi dar sus clases de arquitectura en la UNAM con tanto ahínco. Su pasión por compartir lo que sabe. Desde siempre lo viví preparando sus clases, revisando trabajos, pensando en un proyecto nuevo y me enseñó que “no hay nada más valioso que hacer crecer a otras personas ayudándoles a que aprendan algo nuevo”.

Descubrí que podía cambiar muchas vidas enseñando danza. Ayudar a las personas a vivir más saludables trabajando el cuerpo de manera más consciente. Por eso decidí estudiar danza contemporánea con la especialidad en pedagogía de la danza. Es una carrera en la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello” donde egresamos como maestros con la especialidad que cada uno escoja. Hay tres colegios diferentes. El colegio de danza española, danza folklórica y danza contemporánea.

La danza es un arte que transforma el cuerpo y con él a la persona.

Ya estudiando la carrera de danza aprendí que es un arte que requiere y exige más del artista que cualquier otro. Como bailarina es muy importante cuidar las horas de sueño. El trabajo corporal es arduo y él único momento que tienen nuestros músculos para recuperarse es en las horas de sueño. Si no dormimos 8 horas podemos estar más propensos a una lesión por agotamiento y cualquier lesión es muy grave. Puede implicar desde no bailar por unos días, hasta quedar con una lesión permanente como las lesiones de rodillas que son muy comunes en los bailarines. A mí me encanta la fiesta, desvelarme, intoxicarme y celebrar. Como bailarina a veces tengo que decidir si voy a la fiesta o me desvelo viendo películas, que me encanta hacer eso, o decidir irme a dormir temprano para llegar fresca, recuperada y entera a la clase o a la función. Eso me lo enseñó mi maestra Rosario Verea. Ella es tan disciplinada y tan constante. Una bailarina muy trabajadora.

Como bailarina he estado dispuesta a no comer chatarra, grasas saturadas, carbohidratos (azúcar refinada, refrescos, etcétera). Aumentar mis porciones de arroz, verduras, frutas y agua para que mi cuerpo esté fuerte, ligero y saludable. En la danza, nuestra principal herramienta de trabajo es el cuerpo. Quiero conservarlo en buenas condiciones el mayor tiempo posible.

Algo muy importante es estar consciente de que como bailarina el entrenamiento es constante y permanente. Entrenaré y tomaré clases por el resto de mi vida. Para explicar el por qué, me gusta usar la siguiente metáfora. Siempre he creído que el cuerpo es como una plantita, lo cuidamos durante mucho tiempo, lo regamos cada tercer día, le ponemos su tierra de composta y de más cosas que sabemos le ayudará a ponerse más verde o a tener más flores. Un verano nos vamos de vacaciones 15 días y se nos olvida regar la plantita. Cuando regresemos estará seca o marchita. Nuestro cuerpo es así. Podemos tomar clases todos los días por 9 años ininterrumpidos, pero sí uno o dos años hacemos una pausa, descansamos o nos dedicamos a otra cosa. El cuerpo perderá elasticidad, fuerza, rotación y muchas de las cosas que se había logrado con tanto esfuerzo, dedicación, sacrificio y voluntad.

La danza es una de las bellas artes. Es hermoso efectivamente, pero de los más difíciles y créanme que vale la pena.

La danza me ha sanado. Me abraza cuando me siento sola. Aguanta mis gritos y arrebatos cuando estoy enojada y me seduce día a día. Caigo en sus placeres y disfruto sus torturas. Como mi coreógrafo querido Bernardo Benítez, somos adictos a ella.

Es verdad que en la danza se encuentra cierto masoquismo. Nos regodeamos en el cansancio. Nos deleitamos en cada estiramiento. Nos llena de dicha el esfuerzo físico. A más sudor, más diversión. La fruición en la danza es rara. Después de 15 años bailando puedo declarar que quiero bailar el resto de mi vida. Si quiero bailar hasta que me muera es por que la danza me permite entregar mi corazón en cada paso. Ponerle rostro a las emociones. Exalar mi alma en cada suspiro. Escribir con mi cuerpo cada palabra que sale de mí y bailar mis ideas. Bailar lo que soy y ser al bailar.

Quiero agradecer con todo mi corazón y todo lo que soy a las personas que de alguna manera me han apoyado, inspirado y motivado para ser bailarina:

Mi familia: Martha Elena Trejo Quevedo, Marco Antonio Espinosa De La Lama, Marco Antonio Eduardo, Jorge Arizmendi, Angélica Olvera, Verónica Cervantes, David Olvera, Dante Olvera Cervantes, Alejandro Espinosa De La Lama, Raul Barrera, Rosa María Espinosa De La Lama, Luz María Barrera. Y a toda mi familia.

Amigos: Miguel Ángel de Bernardi, Leonardo Ayala, Nayeli Aguirre, Goyo, César Santiago Cano, César Vásquez Morales, Rene Reyes, Abigail Tenorio Fonseca, Martha Lara, Nayeli Ibarra, Martha Alicia, Mildred López, Erick Sánchez, Ivan Cervantes Olvera, Isis, Alejandra Semiramis, Itzel Ireri Mujica, Yazmín Rangel, Yazmín Rodriguez, Iraim, César A. Islas, Álvaro Olivos, Ariana Lira, Olaya Macario, Magaly Mata, Miguel Solorzano, Itzuri Gaona, Angeles Ocampo. Y a todos mis amigos.

Maestros: Andrea Zavala, Francisco Carrera, Josué Lira, Francisco David Méndez, Rosario Verea, Oscar Ruvalcaba, Jorge Chanona, Monica Maldonado, Miriam Álvarez, Lino Perea, Bernardo Benítez, German Gastellum, Maricela Lara, Irán Israel, Valentina Castro, Rocío Barraza, Beatriz Madrid. Y a todos mis maestros

 

domingo, 19 de enero de 2014

¿CÓMO ES QUE EMPECÉ A SER BAILARINA? (SEGUNDA PARTE)


Para cuando cumplí los 15 años, tenía que decidir en qué prepa quería estudiar. Mi mejor amiga Arlem Mancheke y mi padre me dijeron sobre una prepa del INBA en artes y humanidades. Ahí te especializabas en danza, teatro, música o artes plásticas. Yo quería entrar ahí para estudiar teatro.

Hice examen para la prepa 6 y para el CEDART “Luis Spota Saavedra”. Me quedé en las dos así que decidí. El CEDART.

Yo quería entrar ahí para estudiar teatro. El primer año tienes que tomar todas las artes y en el segundo año te especializas. Ese primer año conocí a mi amor para toda la vida; La danza contemporánea. No tuve ninguna duda, lo mío, lo mío, era la danza. Para el segundo año en el que teníamos que escoger nuestra especialidad yo estaba más que convencida de lo que quería. Mi maestra era admirable. Andrea Zavala me cautivaba cuando la veía moverse. Su cuerpo era hermoso y todo lo que lograba hacer con él era inigualable. Nunca había visto tan de cerca cosa parecida. El maestro de coreografía Francisco Carreón me encantaba. Puedo atreverme a decir que incluso me excitaba (claro, a esa edad muchas cosas me excitaban, la vida por si sola me parecía más que excitante), pero los ejercicios que el maestro nos ponía, donde nos daba sólo una guía o herramientas para nosotros poder expresarnos con el cuerpo e improvisar. Él ponía música (por cierto buenísima, eso fue un elemento importante por lo que me gustaba tanto su clase), yo sólo tenía que bailar… mmm!!! Ha! Eran experiencias tan deliciosas, divertidas y al mismo tiempo enriquecedoras.

Ahí comenzó a crecer en mí esa pequeña bailarina que llevaba dentro y que más tarde se convertiría en un monstruo amante de la danza y de todo movimiento creativo y expresivo. Me enamoré!!!

Me enamoró la posibilidad de explorar en cada clase por medio de mi cuerpo, quién era yo.

A veces me movía sólo por moverme. Como buena adolescente pensando en el novio, en las amigas y en un sinfín de cosas triviales que en ese momento eran mi mundo y ocupaban toda mi mente pues significaban todo para mí. Pero cuando empezaba a moverme. Cada instante trabajando mi cuerpo, era como si me metiera a mí misma. Cada movimiento me llevaba dentro de mi corazón, A conocer mi alma y saber más de mi mente. Al final de cada clase, había encontrado algo dentro de mí que no conocía. Un goce interminable. Sensaciones indescriptibles.

Otras veces, mi viaje era de adentro hacia afuera. Me sentía tan bien o tan mal, que cada movimiento era conducido por esas emociones. Ensimismada en mis tristezas o empapada de alegría, comenzaba a moverme. Movimientos inspirados por lo que estaba viviendo y sintiendo. Introspección que iba saliendo  de mi cuerpo y se traducía en una danza llena de mí y cargada de mi corazón. Empapada de mi alma, de lo que era yo en ese momento.

Ahora sé que con el cuerpo es así. (por lo menos  el mío). Cada una de mis danzas es una parte de mí. Cada movimiento un latir de mi corazón y cada respiración una exhalación de mi alma.

Aprendí a bailar por dos razones. La primera eran indicaciones de mis coreógrafos, consignas o una pieza musical. Elementos externos que tenías que servir de inspiración y/o motivación para de ahí crear una danza. La segunda era a partir de mí, de lo que siento y pienso. De lo que vivo. Entonces si me siento triste hago mi danza de la tristeza y me consuelo. Si estoy enojada bailo iracunda y me desahogo. Tengo danzas de amor, alegría, melancolía, sueño, ilusión, rabia, desilusión, etc.

¿CÓMO ES QUE EMPECÉ A SER BAILARINA? (PRIMERA PARTE)


Anoche me preguntó un gran amigo y mi respuesta fue que le escribiría algo.

Me quedé pensando toda la noche y descubrí que podía responder desde muchas perspectivas.

Lo primero que apareció en mi mente es mi padre bailando y escuchando música todo el día. El arquitecto Marco Antonio Espinosa De La Lama siempre ponía música cuando estaba en casa y cantaba y bailaba. Incluso no estoy segura de recordarlo con claridad. No ubico ninguna foto o algún video. Sólo tengo la imagen de mi padre bailando conmigo en brazos cuando era muy pequeña y con el paso de los años su imagen frente a mí se va esclareciendo.

Lo que sí recuerdo muy bien, es como mi padre sentía la música. Ya sea un domingo tocando la guitarra, en una fiesta familiar bailando con todas mis tías y mis primas o en el coche chiflando y cantando mientras me llevaba o me recogía de la escuela.

Siempre quise bailar como él y cantar como él.

A los 4 años estudié teclado en la escuela de música YAMAHA. Durante 4 años aprendí solfeo, canto, incluso  a tocar varios instrumentos. También recuerdo que durante las clases quería bailar, moverme. Me recuerdo inquieta, platicando con quien tuviera a lado o atrás. Hoy sé que mi cuerpo quería moverse. Entonces me aburrí.

A los 8 años me salí de esa escuela y entré a estudiar ballet. Me gustaba el reto de llevar mi cuerpo a rebasar sus propios límites. La maestra decía --tienes que alcanzar a tocar tus pies sin flexionar las rodillas—yo disfrutaba no sólo de tocar mis pies, sino de llegar más lejos y lo más divertido de todo era que lo lograba. Me gustó porque era buena. Ahí aprendí a dar vueltas de carro,  a hacer el arco, el Split y muchas cosas más.

Mis padres dejaron de llevarme porque nos tuvimos que mudar. Como cada año desde que nací hasta que cumplí 9 años nos mudábamos por lo menos una vez al año. A esa edad ya había asistido a más de 9 escuelas. Sufrimos mucho aquella crisis económica del 1994. Me tuve que ir a una escuela pública. Ahí no tenía mis clases favoritas (artes, idiomas, etc) Recuerdo que extrañaba las clases de gimnasia y a mi maestra de música. En fin, giré la cabeza y comencé a mirar a otros rumbos.

En una reunión con la familia, recuerdo a mi padre compartiendo con todos los primos y tíos la aventura con todos sus sobrinos por Canadá. Especialmente se me quedó grabada la forma en la que describía a una bailarina que conoció en Toronto. Hablaba de ella con tal admiración. Contó todas las maravillas que hacía con su cuerpo. La describía como una mujer bella, virtuosa, única. Diferente a todas las demás mujeres. Una bailarina.
 

Aprendiendo cada día


El año pasado reconocí que no aprendo fácilmente de mis errores. Me cuesta aceptarlos. Me gusta vivir las cosas. Aun así no aprendo de la experiencia. Como si necesitara cometer los mismos errores varias veces para aprender.

¿Necia? ¿Ciega? ¿Loca? ¿Terca?

-Despierta mujer. Abre los ojos. Escúchate. Siéntete. Créete.-

Me gusta escribir cosas positivas. Desde que los domingos mientras estudiaba la carrera iba al centro de Coyoacán con mi amigo Iván para aprender BUDISMO ZEN.

Meditábamos y crecíamos. Aprendíamos.

¿cómo escribir ideas o emociones positivas cuando tengo apachurrado el corazón?

Descubrí que:

 

“Buscando controlar todo, me descontrolo toda y no controlo nada.” Atte. Mar

 

Esa es la lección de hoy. Parece que al final, sí aprendí.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Se le acabaron sus 7 vidas a nuestro amado Gato.




Querido Gato:

Mi gatito, mi hermanito, mi partner, mi compañero de tantos proyectos y tantas noches disfrutando películas, platicas, cenas, chelas y hasta peleas.

Gatito hoy me despido de ti recordando tu sonrisa gigante. Tu energía infinita. Tu amor inagotable y tu fuerza más allá de lo físico. Tu voluntad imparable y tu incansable búsqueda de la libertad.

Celebro tu partida reunida con Miguel, Itzuri, Clara, Ángeles y Sergio, que fuimos los que estuvimos más cerca de ti al final.

Lloramos, gritamos, te recordamos bromeando, abrazados. Seguíamos llorando y volvíamos a llorar. Luego reíamos recordándote y aparecían el llanto de nuevo. A Miguel se le quiebra la voz y se le inundan los ojos como nunca lo había visto. Itzuri con la mirada perdida y brotando lágrima tras lágrima. Un llanto grueso y pesado como los sentimientos que hoy nos golpean. Clara con su sensatez y sus abrazos oportunos que llegan cuando más los necesitas, como si ella siempre supiera lo que te hace falta. Ángeles con las palabras correctas, aquellas que  ella muy bien sabe nos harán sentir mejor, por que a ella le funcionan y cuando yo la escucho, descubro que es verdad…

 A ti no te gustaría vernos llorando.

Curioso que alguna vez lo platicáramos, pero recuerdo que dijiste que tú, festejabas la muerte!!!

Así sea.

Ahora me despido de ti levantando mi copa y diciendo salud, en tu honor, en tu nombre, por tu amor!!!

Ha sido todo un ritual poder decirte adiós. Aceptar que tu cuerpo ya no estará más entre nosotros. Cargándonos para poder subirnos al trapecio. Enseñándonos que sí se puede. Siempre con un – Sí mira!!!- o un –Claro que se puede, todo es posible!!!- o también el clásico – Sí podemos mira ven, ayúdame- y el típico -vamos a intentarlo- Ver como te rompías la madre para enseñarnos que todo era posible es algo que nunca olvidaremos.

Seguro es que siempre te recordamos. A todos los bailarines con los que trabaje les platicaré de ti. Te conocerán en cada ejemplo que les dé de ti. De tu valentía, tu vigor, tu garra. Toda tu resistencia, potencia, lozanía, ánimo y fortaleza que nos contagiabas. Mis hijos sabrán de su Tío el Gato y así permanecerás con nosotros siempre!!!

Mi padre te adopto como su hijo o tú lo adoptaste a él como padre??? No lo sé y no me importa. Quizá se adoptaron mutuamente. Lloraron juntos. Se empedaron. Festejaron. Rieron. Discutieron y al final… se abrazaron. Hoy mi padre (tu padre) mi madre, mi hermano, Jorge (tu hermanito) y yo, tu familia escogida. Nos reunimos en la casa para compartir la comida. Comimos juntos como no lo hacíamos desde la última vez que tú, estuviste con nosotros. Curioso pero así es. Nos reunimos en familia para cocinar y compartir la mesa, te recordamos durante toda la comida y nos dimos cuenta que la última vez que estuvimos así en familia fue contigo. Tú estabas con nosotros y nos tomaste una foto a todos. Foto que nunca olvidaré. Foto que siempre conservaré por que tu sonrisa en primer plano me recuerda como eras. Cuanto nos amabas y que siempre te amaremos.



Hoy a lado de Jorge, tu gran hermano. Tu carnal. Tu Jorch como le decías. Decidimos disfrutar de una gran película en el cine donde solíamos ir juntos. Donde algunas veces tú invitabas y otras nosotros, Donde un día tú nos pagaste los boletos en 3D y que siempre recordará tu bondad. Un ser generoso, lleno de tolerancia, sensible, afable, magnánimo diría yo. Nos compartías todo lo que tenías, todo lo que eras. Todo tú te dabas al mundo y a las personas con las que compartías la vida. Por eso después de mucho llorar en el fondo sonrío. Me llena de orgullo, felicidad, alegría y satisfacción haber compartido tantas cosas contigo.

¿Cómo olvidar a ese gatito cachondo? Erotizado por el simple hecho de estar vivo. Esa sensualidad a flor de piel que te caracterizaba. Ese amor, gusto y placer por las mujeres. ¿Cómo olvidar esa tanga de leopardo que nos enseñabas cuando te cambiabas en cada entrenamiento? Esa tanga de red que aunque no queríamos ver entre Miguel y tú se encargaban de hacernos voltear. ¿Cómo olvidar a ese amigo amante de la vida? ¿Cómo no extrañarte?

Gatito fuiste un pilar irremplazable en Yodate. Nos nutriste durante varios años, nos enriquecimos juntos, aprendiste a respirar, aun que odiabas hacer yoga. Crecimos juntos. Me encantaba hacer los ejercicios de pareja contigo porque con toda esa energía que me contagiabas, no podía quedarme atrás. Sacaba fuerza no sé o más bien sí sé de dónde, de ti. Luchaba por alcanzarte. Por estar a tu nivel. Por no detenerte y recuerdo que cuando me cansaba no reparabas en jalarme. Me animabas. Tu motivación fue real. Tan real como que hoy tu cuerpo descansa.

Jorge me hace recordarte, en esas cosas en que tanto se parecían. En esas cosas que coincidían y se identificaban. Cuando hace bromas que nos solías hacer. Hoy Jorge conserva tus dibujos. Algunas cartas. Tenemos tus poemas firmados y todo lo que aquí nos dejaste. En la memoria se queda bien grabada tu maravillosa forma de recitar el poema de la película “el lado oscuro del corazón”, ese que empieza diciendo –Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo…- Cuando cantabas tan bonito y entonado. Cuando alguien estornudaba y le decías –Gracias!!!- jajajajajajaja siempre me la aplicabas. También tu broma con la mano mojada en la que llegabas a enseñarnos tu mano y nos decías –Mira!!!- y luego de acercarnos a ver tu mano nos salpicabas la cara de agua jajajaja y nos lo podías repetir 10 veces durante el día y las 10 veces caía y si no por lo menos nos reíamos. Siempre nos hacías reír. Hoy Jorge a pesar de su dolor me sostiene. Juntos nos agarramos para no caernos y recordarte bonito. Nos reímos juntos para no llorar y celebrar como a ti te hubiera gustado.

Me despido de ti con esta carta. Pero nada es suficiente para compartir con el mundo lo maravilloso que eres… que eras.. que serás.

Con todo el dolor que pueda producirme tu partida hoy te digo que nos enseñaste mucho y nos dejaste todo. Todo tu ser. Toda tu esencia. Tu buena vibra y tu amor. Con eso nos quedamos. En tu honor van nuestras próximas funciones. En tu nombre va toda nuestra garra en cada entrenamiento y por ti van nuestras siguientes danzas y nuestras sonrisas gigantes, tan gigantes como tú.

martes, 20 de agosto de 2013

Hoy esto es lo que creo del amor. Pueden estar de acuerdo... o no.



Es difícil para mí entender porque nos cuesta tanto trabajo el amor. Nacimos para amar.  El amor le da sentido a nuestra vida. Nos sentimos muy bien, muy útiles y muy generosos cuando apoyamos  a las personas que amamos. Amar y que nos amen nos hace sentir vivos. Bueno al menos yo.

Cuando no tenemos pareja buscamos encontrar a alguien que nos ame y a quien amar. Hay personas que incluso teniendo pareja buscan lo que en su relación les falta en otras personas y así se enamoran. Vamos por la vida amando y buscando el amor. Luego llega el desamor pero buscamos amar otra vez y continua así el ciclo infinitamente.

Lo curioso es la forma en que idealizamos el amor. Buscamos medias naranjas como si no estuviéramos completos. Creer que el amor es para toda la vida puede ser muy doloroso. Por creencias religiosas como el “hasta que la muerte nos separe” o “el amor lo puede todo” mantenemos relaciones poco sanas, poco dignas y poco libres.

¿Necesitamos creer en el amor?

Sí, eso es un hecho, ya lo explicaba arriba.

 Amor reciproco, amor solidario, amor generoso y amor autónomo es lo que necesitamos construir en cada relación.

Las relaciones sin honestidad, basadas en la desconfianza, los celos, las dudas. Relaciones limitantes, que nos prohíben, que impiden nuestro crecimiento, que apabullen la seguridad personal son destructivas. Parejas agresivas, irrespetuosas, egoístas o irresponsables sólo hacen daño, hieren y lastiman.

Pero no queremos fracasar en nuestra relación y como nos enseñan a ser capaces de todo y hacer cualquier cosa por amor… Sostenemos relaciones que nos lastiman durante largos periodos.

Hoy sé que vivir la relación que queremos está en nuestras manos. Todo lo que soñamos lo podemos tener siempre y cuando estemos dispuestos a trabajar por eso.

Y yo estoy dispuesta!!!

Hoy te digo –Siempre estaré contigo mientras estemos bien (aclaración: entiéndase estemos bien por que nunca se violen mis derechos como persona)no quiero decir  que  no nos apoyemos como pareja en los momentos mas difíciles, sino que no podemos ni debemos permitir que nos agredan, acosen, violenten  o que nos prohíban violando algunos de nuestros derechos como personas que sí se aplican en el mundo, también se aplican en la vida íntima.

Estoy segura que podemos vivir un amor recíproco. Donde en los momentos difíciles del otro  estemos ahí presentes, hasta el final apoyándonos. Donde cada uno se preocupe por el bienestar del otro. Una relación de "equipo" jajajaja (chiste local). Con una vida íntima rica y abundante.  Una relación donde ambos asumimos responsabilidades y estamos al tanto de lo que le ocurre al otro. Trabajando hombro a hombro por las metas comunes sin tener que jalar, empujar  o dejarnos recostar en el otro.

 Trabajemos por una relación donde el intercambio afectivo y material sea equilibrado y justo. Por supuesto que los privilegios sean distribuidos también equitativamente.  En resumen igualdad en derechos y deberes. No tenemos que recordarnos nuestras necesidades porque estamos atentos a ellas. Ninguno piensa que merece más que el otro, sí es así hay algo mal. Correspondencia mutua es lo fundamental.

 En una relación es básico poder disponer libremente de nuestro tiempo y de nuestras cosas. Expresar nuestros puntos de vista aunque sean distintos, con comodidad. Estar tranquilos durante el día en cada una de nuestras actividades. Nada de pedir permisos. Algo muy importante es que las obligaciones no nos asfixien. No vigilarnos, mejor acompañarnos y compartir. Sentir que crecemos constantemente es básico.  Actuar congruentemente con lo que decimos y expresar nuestro amor como más nos guste.

En resumen es lo que creo del amor, lo que quiero y por lo que estoy dispuesta a trabajar, esforzarme, luchar y vivir.

UN AMOR DOGMÁTICO, REGIDO POR UN SINÚMERO DE REGLAS ES IMPERATIVO. PIERDE LA CAPACIDAD DE SER CREATIVO Y DE REINVENTARSE ASÍ MISMO.

UN AMOR FLEXIBLE QUE MANTENGA SU CAPACIDAD CRÍTICA Y EVITÉ LOS EXTREMOS DAÑINOS O LA NORMATIVIDAD CIEGA ES MÁS ENRIQUECEDOR.

 

lunes, 12 de agosto de 2013

Cerrando puertas viejas. Abriendo nuevas.



Que importante es cerrar ciclos. No cabe duda que se necesita soltar para poder seguir abrazando y luego soltar para así volver a abrazar y volver a soltar y luego abrazar y siempre soltar.

Hoy cerré varios círculos que tenía  entreabiertos. Hoy por fin hice lo que llevo semanas aplazando. Todavía no acabo. Los ciclos se cierran y se abren infinitamente.

Que cierto es aquello que una tía me dijo –Si Dios te quita algo de las manos es para darte algo mejor.

Yo diría que si tienes algo bien agarrado entonces no tienes las manos libres para poder tomar otra u otras cosas. Es importante aprender a dejar ir, dejar ser. Dejar y continuar.

Por FB anda circulando una imagen con una frase que dice –el amor es como la flor, si la cortas para poseerla, morirá. Las flores igual que el amor son para cuidarse y admirarse. Saber apreciar el amor no es cosa fácil. Estoy trabajando en eso. Para poder ser feliz dejando ser a las personas que amo como son.

Perdonar es una llave importante en cada puerta que cerramos o que abrimos. Nunca he estado de acuerdo con aquellos que dicen que perdonar es olvidar.

Merlín decía que -el olvido es la perdición del hombre- y estoy completamente de acuerdo.

A las personas se nos olvida que un 2 de octubre en el año de 1986 hubo una matanza de personas inocentes que luchaba por ideales. Muchos fueron víctimas del autoritarismo. Víctimas de un sistema. La historia se repite y se repite de diferentes formas pero al final, seguimos siendo víctimas. Somos víctimas por que no tenemos memoria y se nos olvida por lo que nuestro pueblo ha luchado y las represiones que ha sufrido. Al olvidar no hay un aprendizaje, no hay una lección aprendida y seguimos equivocándonos.

Yo hoy quiero perdonar. Cerrar círculos y así poder abrirme nuevas puertas. Andar nuevos caminos y rodearme de personas que al igual que yo nos entreguemos con todo a lo que hoy tenemos en el aquí y el ahora.